martes 27 de diciembre de 2011
MICRORELATO 27: TODO TIENE SOLUCIÓN.
viernes 16 de diciembre de 2011
Önskan.
domingo 11 de diciembre de 2011
MICRORELATO 26: EROSIÓN

- Dados dos puntos, se puede trazar una y sólo una recta que los una.
- “ Me puedo sentar aquí? Prometo no molestarte. “
Ni tan sólo te había visto venir. En realidad, reconozco que me costó reaccionar. Más de lo que yo acostumbro, que es como decir mucho muchísimo. Aunque ese mecanismo que activa las cosas bonitas e importantes sí funcionó, y a pesar de estar azorado, seguí estirando los músculos de mis piernas, mientras la máquina que tenemos dentro y que crea universos nuevos a partir de las sensaciones, se ganaba el sueldo.
- “Voy sudado. Me he pasado más de una hora corriendo. Ahora mismo estaba estirando y me iba a ir a casa. Perdona mi aspecto….”
- “Alba. Me llamo Alba. Tú Nelo, verdad?. Y sé que llevas una hora corriendo. Te vi pasar por delante de mi casa. Y ya te había visto alguna vez estirando en este parque. Vivo por aquí cerca.
Y tu forma de explicarte, tus palabras, tu primera reacción, dibujaron el camino delante de mis ojos, uniéndolos con los tuyos, con tu boca, de la que salían las palabras que se iban enroscando por mi cuerpo, con eso que algunos llaman alma y que yo aún no he conseguido definir con la nomenclatura adecuada. Fue como si entre nosotros hubiese pasado una estrella de fuego, cuyo rastro no se borra, y permanece ahí, noche tras noche, aunque nadie se tome la molestia de mirarla.
-“Qué tienes pensado hacer hoy?” Tengo que ducharme, pero luego podríamos compartir un café. Además de correr, sé hablar…..creo.
- “Claro, te iba a decir lo mismo. Pero con una condición. Que me regales un adjetivo. No uno que te sobre, sino uno que te importe. Que te defina y que nos defina. Por supuesto, te dejo pensarlo mientras tomamos el café. Pero luego, quiero mi adjetivo. Las chicas somos caprichosas a veces, ya sabes…”
Y te fuiste dejándome con la misma sensación de cuando me asomé a Preikestolen, en Noruega. Muerto de miedo, con la curiosidad reventándome las costuras y con una sonrisa tan ancha que mis dientes iluminaban el mundo. Y ese café fue la nota dominante de una melodía que empezamos a componer aquella misma mañana, una melodía única, como el adjetivo que descubrimos nos correspondía. Una melodía que se alargó todo el día y cuyo clímax nos sorprendió entre sábanas, hablando una lengua tan viva como incomprensible para cualquiera que nos hubiese espiado mientras nos derramábamos el uno sobre el otro. Y el resultado fue una ecuación capaz de describir la geometría del amor recién parido con tanta minuciosidad, con unas cifras tan absolutas, que parecía inevitable morir arrollado.
2. Todos los ángulos rectos son congruentes.
- “No soy tan raro como pensaba. O sí, quién sabe “
- “Te preocupa serlo? “ A mi me gusta que seas raro. Las cosas normales son aburridas, previsibles. Sólo tienen dos dimensiones. Les falta esa profundidad que ayuda a tener perspectiva, a comparar. A darnos cuenta de los detalles. “
- “Tú también eres rara. Será por eso que te gusto. Que me gustas. Que en tan poco tiempo hayamos podido construir esta nueva normativa. Has oído hablar de Euclides? “
- “Era un matemático griego, no?”
- “Se le conoce como al padre de la geometría. En realidad, no se sabe mucho de él. Hay quien afirma que no llegó a existir. Que unos cuantos sabios en conjunto publicaron el tratado usando el nombre de un filósofo que había vivido cien años antes. Fuese o no un personaje real, aquel tratado fue importante, porque puso los cimientos a muchas de las cosas que vinieron después.”
- “Y a que me vas a explicar qué decía ese tratado ?”
- “Creó cuatro axiomas. Bueno, fueron 5, pero el último todavía hoy se discute si es o no cierto. Pero los otros cuatro son totalmente demostrables”
- “Con formulaciones de esas que sólo comprendéis tú y tus alumnos? Bueno, tus alumnos lo dudo jajajaja.”
- “Mis alumnos las comprenden. Y sí, se demuestra a través de formulaciones. Y ecuaciones. Pero lo bueno que tiene la geometría de Euclides es que se puede demostrar a través de objetos cotidianos. Por ejemplo, la congruencia. “
- “Sabes que no tengo ni idea de lo que es. Y que me gusta cómo explicas las matemáticas. Y que te sigo atentamente, profe. Dispara, forastero”
- “Por decirlo de forma sencilla. Imagina dos jarrones exactamente iguales. Mismo peso, tamaño, color, forma. Todo idéntico. E imagina que uno lo colocamos de manera horizontal, y el otro de manera vertical. Continúan siendo iguales? “
- “Claro. Su posición en este caso es irrelevante. Siguen siendo lo mismo “.
- “Muy bien. Pues eso mismo sucede con los ángulos. O con los triángulos. O con el resto de objetos geométricos. Se da la congruencia cuando dos ángulos son iguales. O dos triángulos. O los lados en concreto de esos triángulos.”
- “Parece una forma de ahorrar tiempo a la hora de categorizar. Es útil, porque explicadas las características de uno, todos los que sean exactamente iguales, se someterán a las mismas normas, verdad? “
- “Correcto. Te explicas casi mejor que yo. “
- “Quieres que lo formule? Que le de forma matemática? O prefieres que me adhiera aún más a tu piel?”
- “Haz ambas cosas. Y formula un axioma que nos mantenga siempre unidos….”
- Se puede trazar una circunferencia con centro en cualquier punto y de cualquier radio.
Fue todo tan fácil, tan natural, que a pesar de haber sido la inductora, la culpable de todo ello, todavía hoy me admira tanta perfección en las formas. Y es que alcanzar ciertos niveles de compenetración debería ser objeto de estudio. Tendría que existir una ciencia que analizase de una forma más o menos rigurosa por qué dos personas alcanzan a comprenderse con tan sólo una mirada. No creo que el amor tenga esa capacidad de reestructuración de los objetos. Tiene que haber algo más. Algo más complejo, un juego de fuerzas, como esas que mantienen el equilibrio, en apariencia caótico, del universo. Porque bailar de la forma que nosotros lo hacíamos por la vida no está al alcance de muchos. Ser capaces de girar en círculos perfectos, rotundos, sin perdernos ni el más pequeño de los pasos del vals que tocó la orquesta el tiempo que permanecimos juntos. Crear un conjunto de elementos propios cerrado, sometido a su propia legislación y jurisprudencia, al margen de miradas, de comentarios. Viajar sin detenernos a velocidad de vértigo siguiendo el mismo sentido, sin que uno adelantase al otro, sin que el otro dejase atrás al uno. Dos paralelas perfectas. La demostración matemática más incontestable de que a veces sí se da eso. Y darme cuenta de que cuanto más quería a Nelo, más me quería a mi misma, como si al darle amor a él, al mismo tiempo, alimentase el mío propio. Fue fácil y bonito despreocuparse, dejarse llevar. Como cuando estás en una carrera y la propia inercia del resto de los corredores te proporciona a ti la energía necesaria para seguir avanzando. Supimos llevar la magia con nosotros, y actuar al margen del resto de agentes externos. Cualquier punto era bueno para trazar nuestro círculo, y proseguir dentro de él con ese espectáculo que de forma sublime habíamos sabido desarrollar.
- Cualquier segmento puede prolongarse de manera continua en cualquier sentido.
Un observador externo y avezado en estas lides de la ciencia podría haber previsto el momento exacto en que aquella estrella, aquella masa iridiscente que tanto había crecido se colapsaría, hasta alcanzar el estado de super nova y luego tornar todo aquel calor en el frío absoluto de una enana blanca. También es cierto que si atendemos a lo que decía Einstein, todo es relativo, y todo depende de la capacidad de perspectiva con la que miremos las cosas. Así, ni Alba ni Nelo fueron capaces de ver que tanto consumo de energía no podría conducirles sino a su propio colapso. Porque querer en la mayoría de ocasiones no es suficiente. O hacer depender el amor de toda esa pasión, de esa energía que como un tsunami arrasa con todo lo que se encuentra a su paso. Ya que cuando la energía se consume, el amor se muere irremediablemente de inanición.
Y un buen día, aquel que considerabas tu igual aparece deforme, ajeno. Y ese gigante con piernas de acero empieza a oxidarse, a no ser capaz de moverse. Y el frío entra por las rendijas. Y los cristales que aislaban del exterior se astillan, Y pronto elementos nuevos contaminan aquel ambiente antes aséptico. Despiertos del sueño, sólo queda preguntarse qué más queda por vivir, por decir, qué mas verbos faltan por conjugar. Es el tiempo de las dudas primero, de los reproches, más tarde. El momento en que las acciones cambian el traje del deseo por el de la obligación. Y las miradas no calientan. Y el silencio, ese que antes servía de refugio caliente para los amantes, se torna un lugar oscuro, mohoso y lleno de bichitos. Poco importa si fue Alba quien dijo y Nelo quien accedió o fue al revés. Lo único verdadero y comprensible es que la brecha que se había abierto entre los dos puntos se tornó segmento. Y que los puntos, para prolongarse, decidieron tomar direcciones opuestas. Se escuchó algo parecido a un “no podemos seguir así”, a un “mejor que cada cual tome su camino”. Y cuando se fueron, el único te quiero que permaneció inamovible fue el de una nota olvidada dentro de un libro. Y las líneas se alargaron siguiendo su propia estela, en pos de un infinito desconocido, nuevo. Lo bonito de la historia, es que el punto del que partieron, el preciso instante que marcó su separación, será el punto que siempre, de manera indiscutible e inapelable, los mantenga unidos, Y sobre ese punto, al que llamaremos recuerdos, va toda esta historia.
Gracias a Mer Lamela por la foto y por haber propuesto esta historia.
domingo 4 de diciembre de 2011
MICRORELATO 25: PARAMOUR.o FLUJO CONTINUO 2 ( CARLOS Y ROSANA ).
