
Mientras conducía a través de la Avenida del Cid pensaba en lo que iba a decir. Escogía las palabras cuidadosamente, las colocaba en fila, conformando frases, ordenando a algunas retirarse a la retaguardia, aposentando otras en el portapapeles cerebral. Repetía cada párrafo una y otra vez, lo lijaba, lo volvía a barnizar hasta que lucía. Entonces, repetía la acción con el siguiente .
Cuando llegó a la altura de Plaza de España ya tenía más de medio discurso perfectamente memorizado. Se recreaba en todas y cada una de las palabras, saboreándolas, masticando su dulce aroma de victoria. De fondo, en la radio del coche. Portishead susurraban aquello de "tienes que ser completamente mío". En efecto, los iba a desarmar, iban a caer de rodillas, eran suyos, era su momento.
Aparcó en Guillem de Castro y fue caminado hacia la FNAC. A pesar de ser primero de Julio, el calor asfixiante todavía no castigaba Valencia. Se sentía bien dentro del traje. Normalmente no usaba vestimenta formal, incluso en las entregas de premios y en las muchas conferencias que daba, sus camisetas con eslógans poco correctos y sus tejanos daban de qué hablar. Le gustaba provocar, siempre le había gustado. Ésa era su máscara, y la mimaba.
Cuando entró en la FNAC hizo lo de siempre, echar un vistazo primero a la Iglesia de San Agustín. Le fascinaba la paz que desprendía el interior de aquel templo, a pesar de estar situado en una avenida con mucho tráfico. Sentía aquella paz, por fín iba a desprenderse de toda la materia inerte que no de le dejaba expandirse, hacerse más grande aún, imponer.. Era su big bang particular. Recordaba el mail de M, del día anterior: "Entiéndelo como tu propio big bang, tu gran explosión, tu nacimiento. Si consigues que la explosión sea lo suficientemente potente, los deslumbrarás tanto, que por mucho que busquen no podrán ver más atrás. Tú serás el dueño y señor de tu propia imagen, y sólo verán lo que tú quieras que vean".
La sala de arriba estaba atiborrada de periodistas. Habían venido todos, los que conocía personalmente y aquellos con los que únicamente había mantenido una relación profesional. También había algún fan, o eso dedujo. Volvió a su discurso, lo recuperó de su memoria, saboreó por última vez aquellas palabras que le quemaban el aliento, y tomó su lugar en la mesa.
"No os he convocado aquí por casualidad"- Su voz sonaba clara, fuerte, segura. En su interior, los primeros compases de la melodía de su liberación empezaban a resonar.- "Como todos sabeis, se ha escrito mucho sobre mi sexualidad. Nunca he dado importancia a los rumores, no vivo de eso. Pero mi obra empieza a sufrir las consecuencias de las imprecisiones interpretativas que toman como base mi vida privada, por lo que he decicido, de una vez por todas, explicar en primera persona quien soy." -Dejó el espacio suficiente para que hablasen los flashes, para que las bocas se abriesen expectantes, para que las pupilas de todos y cada uno de los que estaban allí se dilatasen tanto como la de los gatos. Y luego, pronunció las palabras mágicas.- "Señoras, señores, lo confieso: soy heterosexual".
El resto del discurso salió de manera mecánica, pero Pablo estaba pendiente de su interior. Todas las fuerzas del universo desatadas, toda su fuerza inconmensurable expandiendose en su interior. Notaba su poder, su calor. Era libre, brillaba con más fuerza que nunca. Irrefrenablemente, su verdadero ego se deslizaba a borbotones cubriendolo todo. No pudo, ni quiso, reprimir una sonrisa.












