(...) siente pena de que el corazón aprenda
despacio
lo que la ágil mente contempla a cada rato.
- Edna St. Vincent Millay –
lo que la ágil mente contempla a cada rato.
- Edna St. Vincent Millay –
men señara la voz del mar
men señara a no llorar
men señara a reconocer
que el daño que hay te enseñará a crecer
men señara a ver sus ojos aunque no esté.
men señara a no llorar
men señara a reconocer
que el daño que hay te enseñará a crecer
men señara a ver sus ojos aunque no esté.
“Me enseñará” - Bebe –
-1-
-
Espérame mañana donde siempre. A eso de las cuatro. Te quiero llevar a un sitio
fantástico.
No
sé por qué a la gente le da por irse a vivir al campo. Es algo que nunca he
terminado de comprender. Quién en su sano juicio prefiere las desoladas calles
de un pueblo o una ciudad pequeña un domingo por la tarde a la posibilidad de
toparte con una emoción nueva en cada esquina? Yo que he vivido, y quizás
debería decir sufrido, ambas, no tengo duda alguna. Me encanta mi ciudad, sus
callejuelas en la parte vieja, el poder correr junto al mar casi todo el año,
el subir a las faldas de la montaña que la rodea y sentir que todo eso, en
mayor o menor medida, me pertenece. Formo parte de un ente vivo, enorme. Soy
una de las células que componen este organismo. Y reconozco que me gusta formar
parte de ese enorme conjunto. Una gran orquesta que, a pesar de algunos
desatinos, suele tocar de manera melodiosa la mayoría de las veces.
Explico
todo esto porque estoy totalmente convencido que de no haber sido por esta
ciudad,por sus calles, jamás hubiese conocido a Lenny. En qué otro lugar, si
no, me hubiese topado con una canadiense perdida, mirando para todos los lados,
sin saber qué camino seguir, cuál va a ser la calle que la saque a esa avenida
grande, conocida, al punto “X” que todos usamos como referencia cuando queremos
orientarnos.
- Are you lost? Estás perdida? – le pregunto.
Creo que primero la asusto. Y que luego le da vergüenza haberse sabido
observada mientras dudaba, Tiene una belleza particular, extraña. El pelo largo
y oscuro. Facciones que podrían ser europeas, mediterráneas, con la piel
blanca, y ojos azules heredados de algún antepasado del norte. No demasiado
alta ( perfecto,pienso ), adornada con un cuerpo de formas redondas. Feminidad
rotunda, a gritos, Por suerte, totalmente demodé.
-
Mmm..yes.I think I’m….creo que no sé muy bien por dónde ando..- Habla bien
español, con un suave deje de algo que identifico como francés, aunque su
inglés es impecable. –Me despisté mientras caminaba y ahora no sé bien dónde
estoy. Llevo pocos días en Barcelona. Se nota, verdad?
Ríe
por primera vez y me gusta cómo ríe. Sus ojos me miran de forma curiosa, una
vez superado el primer momento. Abandona la desconfianza a la segunda frase. Y
mi instinto me dice que acabo de saltar el primer escollo. Me cuenta que es de
Montreal, que su empresa, una multinacional de las telecomunicaciones, la ha
enviado a Barcelona a dirigir la sucursal en España y Portugal, que tiene para
dos años y que luego ya se verá. Que había visitado Barcelona anteriormente,
una más de esas etapas en las que los americanos visitan Europa en viajes
exprés en los que en once días recorren miles de kilómetros, y que se había
quedado con ganas de más. Me cuenta todo eso mientras vamos caminando despacio,
ella arrastrando una de esas bicicletas de alquiler que tanto éxito han tenido,
camino de una focacceria que conozco
cerca de allí, detrás justo de la catedral. Porque sin saber cómo ni de dónde
he sacado un encanto que ni yo mismo conocía, y sin parecer que quiero ligar
con ella la he convencido para tomar un café, para explicarle todo lo que
necesite saber de mi ciudad y para que termine de contarme cómo a pesar de
estar a veinticinco grados bajo cero la gente de su ciudad no pierde la
oportunidad de salir a cenar con los amigos. Y si el final del camino pasaba
por poner mis labios sobre los suyos, después de haber devuelto la bicicleta y
de haber empalmado los cafés con un paseo y una pizza, prometo que no fue
calculado, que todo fluyó, igual que un río nace siendo un chorro minúsculo de
agua, sin saber que al final del camino podrá sostener el peso del mundo sobre
sus hombros.
-2-
Querer
a alguien debería ser como estar de vacaciones. Como ese hormigueo que te entra
cuando, la mañana del primer día de tus vacaciones, coges el coche para ir al
aeropuerto, para tomar ese avión que te va a llevar a aquel lugar con el que
tanto has soñado. El cuerpo tibio, el corazón hinchado y muy rojo, como dicen
en aquella película de Médem, y la línea de flotación por encima de la del
resto de los mortales. Querer tendría que ser como mirar el mundo desde lo más
alto, desde la cesta de un globo. Subir tan y tan alto que no se distinguiese
la línea de los países, que los continentes formasen un conglomerado marrón. Sin
diferencias, ni fronteras, ni espacios que alejasen a las personas. Querer
debería ser como un camino empedrado, el espacio más corto entre mi A y tu B, o
como esa fuente que encontramos justo en el preciso instante que la sed empieza
a golpear en nuestra garganta. Querer debería ser una ciencia exacta, el
resultado de la suma de nuestras intenciones, nuestros deseos, nuestros
desvelos. Querer debería ser poder multiplicar posibilidades y restar miedos.
Querer es ver a Lenny empujar su bicicleta por el pasillo de su casa, ver
resplandecer sus ojos mientras hacemos el amor, como dos trozos de cielo que se
expanden en todas direcciones. Querer es los sábados por la mañana en la cama y
los miércoles por la noche viendo alguna película en V.O en la filmoteca; coger
los miedos, las frustraciones y las sombras, meterlos en una bolsa de basura y
sacarlos a la calle para que el servicio de limpieza se los lleve bien lejos de
madrugada.
- 3 -
Nos
hacemos una foto con Barcelona de fondo un día que subimos a un observatorio
meteorológico. Salimos dándonos un pico, muy sonrientes, Recuerdo que es una
mañana de mucho aire, y que después de varios días de lluvia, el viento se ha
llevado cualquier rastro de nubes y sombras, y la ciudad brilla bajo el sol
aquella mañana de sábado. Le digo a Uri que parecemos un anuncio de Tommy, o
cualquiera de esas marcas pijas. La ciudad, con sus edificios emblemáticos,
brillando como cristales bajo el sol, la Sagrada Familia a nuestra izquierda, y
nosotros en el centro de la foto, con luz propia, al margen de lo bueno y lo
malo que pasa en el mundo. Miro la foto en la pantalla de mi tablet, suspendida
a 36 mil pies por encima del Atlántico, mientras vuelo camino a esa ciudad que
hasta hace poco era mi casa, y cuya definición debo ajustar de nuevo, dado que
no sé cómo ni de qué forma encaja en mi vida ese nuevo/viejo mundo. Me
sorprendo a mi misma de lo rápido que he
olvidado la falta de misericordia del invierno quebequois cuando salimos del Trudeau para ir a buscar nuestro
coche. Han venido todos: papá, mamá, mi hermana Camille y Jacques, su novio.
Todos ansiosos por contarme y que les cuente. En ese momento me doy cuenta de
que los he echado de menos, pero no de la forma que yo suponía que iba a
hacerlo. No aferrada a la tristeza de no poder tenerlos, a esa reclusión a la
que te condena el desamparo de estar sola a miles de kilómetros de los tuyos,
sino a esa sensación de necesidad de compartir, de contar, de querer hacer
partícipe a los que quieres de que la vida
te brota desde el interior de los huesos, de que te faltan colores en la
paleta para pintar esas nuevas sensaciones, de explicarles que tu vida es ahora
un campo de flores, Así que empiezo a hablar y sin darme cuenta me desbordo,
como un río en plena crecida, y les hablo de la ciudad, de la maravillosa
arquitectura de Gaudí, de que hay catalanes “locos” que escalan unos encima de
los otros, como si quisiesen tocar el cielo, como si quisiesen imitar a las
torres modernistas que salpican la ciudad, y que a eso le llaman “castells”.
Les cuento que el mar es azul la mayoría de los días, Igual que el cielo, y que
cuando el viento del norte sopla fuerte y la ciudad se saca de encima las
telarañas ambos parecen querer competir en deslumbrarnos. Les explico que los
ciudadanos más pobres de la ciudad, los
del barrio de pescadores, se empeñaron hace casi mil años en construir una
catedral con sus propias manos y medios,
y le pusieron el nombre de su patrona, Santa María del Mar, porque a
ella se la dedicaban para que no los desamparase en mitad del mar. Y sobre todo
les hablo de Uri. De cómo me rescató en mitad de la calle, de cómo me sigue
mirando igual que el primer día, como si el mundo no existiese más allá del
territorio de mi piel y mis huesos. Les hablo del amor profundo por su trabajo,
de cómo pone mimo y empeño en hacer especial cualquier cosa, de sus ansias por
devorar la vida, como si se moviese guiado por una atroz hambruna. Expulso
todas las palabras acumuladas en mi interior y cuando termino estoy exhausta y
feliz. Y me doy cuenta de que por primera vez en mucho tiempo me quiero sentar
y ver pasar en el mundo. Porque por fin formo parte de un lugar, de un
conjunto, De que ya no quiero ser más un verso suelto. De que un pensamiento
puede ser único, genial, irrepetible, Una unidad bella en si misma. Pero que es
mucho mejor formar parte de una idea, de un discurso.
- 4 –
Las
cosas bonitas siempre les suceden a los demás. Tuve que borrar ese axioma de mi
vida. Jamás una frase tan rotunda se había hecho añicos de manera tan contundente.
Tan decisiva. Nos fuimos a vivir juntos tan pronto Lenny volvió de sus
vacaciones de navidad con su familia. Volvió con una invitación debajo del
brazo: la de ir en Julio a visitar a su familia, a conocerlos. Te gustará el
verano de Montreal – me dijo. Y yo pienso que cualquier cosa de la que ella
forme parte me gustará. Que el epicentro es su sonrisa, su manera aún torpe de
combinar las formas de ser y estar en catalán, su afición por el pan con tomate
y los “dimonis”. Su empeño porque cada día sea como el descubrir una especie
nueva. El interés mutuo porque la vida del uno y de la otra se fundan. Así que
me he apuntado a clases de francés. Y por las noches practicamos un rato mi
francés y su catalán. Y nos gusta decir que hemos inventado el primer puente
aéreo entre Barcelona y Montreal. Que propondremos que ambas ciudades se
hermanen. Y que nos hagan primera dama y primer “damo”. Las cosas bonitas ya no
siempre le pasan a los demás. Verdad, Lenny?