jueves, 21 de junio de 2012

LOS NIÑOS DE LOS 90


Junio del 2012. El verano se despereza tímidamente entre las nubes.  Barcelona se despierta con la resaca del Primavera aún resonando. Y casi sin tener tiempo para asimilarla, se le viene encima el Sonar. Paseo por la FNAC del Triangle sin prisas, haciendo eso que tanto me gusta hacer: vagar entre libros, emborracharme con  el olor del papel impreso, acariciar amorosamente sus lomos. Y jugar a decidir qué me llevo a casa. Veo asomar la cabeza a la primera novela escrita por Antonio Luque, el de Sr. Chinarro. Tiene un argumento que pinta bien, y virutas de ese sentido del humor con el que también adorna sus canciones. De fondo escucho cantar a Rufus Wainwright eso de cigarrillos y café con leche. Sigo la letra  y sonrío. Barcelona huele a verano, y aunque la cosa esté jodida, igual, y digo sólo igual, no está todo perdido. Y si lo está, siempre nos quedará la música para hacernos soñar. Un universo infinito de notas, melodías y propuestas sonoras. En el que cada día encontramos un cuerpo celeste nuevo. Y sonrío pensando que hace 20 años también soñábamos. Aunque, un momento…..cuándo me convertí yo en indie, en moderno, en todas esas cosas de las que echaba pestes no hace tanto?  Cuándo decidí que más allá de las greñas, las tachuelas, los anticristos y los gritos guturales, los falsetes y las poses de machote perdonavida había tierra por conocer? Cago en la mar… la culpa la tuvo el puto “Nevermind” de Nirvana. O no, o a lo mejor ya estaba ahí, ya venía de antes. Y el Nevermind sólo hizo que saliese el bicho a la superficie. Ese que nos reconvirtió en lo que musicalmente somos ahora.
Junio del 92.  La cosa no puede pintar mejor. El Barça lo ha ganado todo. Me voy con mis colegas a Grecia, de viaje de fin de curso. En la maleta alcohol, ganas de fiesta, mucha droga ( aún no entiendo cómo no nos detuvieron a todos ). En el horizonte, la perspectiva de un verano genial. Somos olímpicos, somos modernos. Ya hemos dejado de ser ese país de pandereta que no cuenta. Ahora estamos en el puto mapa. Y por primera vez en la vida, nos sentimos los putos amos. Y estamos empezando a cambiar. Un tío rubio, mal vestido, muy yonqui y muy infeliz nos ha abierto la puerta a un nuevo universo sonoro. Se llama Kurt Cobain, canta y toca la guitarra con otros dos tíos igual de feos que él, igual de mal vestidos, y algo menos yonquis. Y le ha dado una patada en el culo a todo.
La primera vez que escuché el “Smells” fue un miércoles por la mañana. Antes de ir al instituto.  Fue a finales del 91, y sentí como si me hubiesen dado una patada en las costillas. El subidón después de la canción me duró horas. Esos gritos, esos cambios de ritmo salvajes. El pasar de la distorsión a la guitarra limpia sin previo aviso, y luego volver a pisar pedal y hacer crujir la guitarra…. Recuerdo que pensé: “Joder, suenan como los putos Pixies, pero con la voz de Sting  algo más rota.” Y diréis que es un tópico, pero aquel disco nos lo cambió todo. Porque aquellos tres tipos no venían solos.  Por su culpa, o gracias a ellos, descubrimos a Pearl Jam, a Alice in Chains, a Soundgarden, a Mudhoney, a los Pilots, a los malogrados Blind Melon. Descubrimos que había una ciudad a la que había que peregrinar: Seattle. Una ciudad gris, con un puerto importante, con 300 días de lluvia al año y con la tasa de suicidios más alta de toda América, como supimos dos años después.

El sistema musical también se meneó. En la década de los 90 asistimos inauditos al espectáculo de ver cómo en las radios comerciales y en los programas musicales de televisión “mainstream” sonaba rock. Y eso para muchos de nosotros no era lo más corriente. Mientras que en los USA o en las Islas era normal que Metallica, los Guns and Roses o los Maiden compartiesen lista con bandas claramente comerciales, España había sido siempre un coto cerrado para el rock. No porque no hubiesen propuestas. Que las había. La escena se surtía de grupos de rock y metal, con más o menos calidad o éxito. Pero era todo a nivel underground, a base de maquetas, de rumores boca a boca y del esfuerzo que cuatro periodistas con más o menos difusión y muchas ganas hacían. Y de repente vimos como en todas partes salían grupos que se definían como independientes, como alternativos. “Indies” altamente influenciados por lo que venía de Seattle, claro, pero también por todo lo que se había cocido antes: el sonido Manchester, los Beatles, el after punk, el noise. Así que corrimos a desempolvar los discos de nuestros hermanos mayores o nuestros tíos, a consumir con avidez a los Cure, a los Sonic Youth, a los Smiths. Nos aprendimos la letra del “Love will tear us apart” y la cantamos de borrachera. Y por si no teníamos bastante, los putos brits decidieron que ellos también tenían mucho que decir. Y nos quedamos estrábicos: con un ojo puesto en los USA y otro en Londres, donde bandas orgullosamente brit y orgullosamente pop daban un puñetazo encima de la mesa y declaraban el estado de sitio. Ya había muerto Cobain, pero a pesar de su ausencia, el movimiento era tan grande, tan inmenso, que nos fue imposible detenernos. Granada y Gijón, dos pequeñas capitales de provincia, fueron nuestro Seattle y nuestro Londres particulares.  Empezaron a surgir bares en los que ponían esa música, nuestra música. Y conocimos a gente como nosotros, con nuestros gustos, que venía de sitios más o menos parecido, que había sufrido el mismo proceso de metamorfosis. Seguíamos en el lado oscuro, pero ahora el lado oscuro era un inmenso continente, una Tierra Media en la que metaleros, alternativos, britpoperos, siniestros y skaters convivían más o menos en paz. Un continente en el que podías oír a Metallica, a Nirvana, a los Pumpkins, pero también a Björk ( a BJÖRK!!! ), a los Afgan Whigs, a los Smiths, a Depeche Mode….y música electrónica!! Porque los greñudos, sin saber ni cómo ni cuándo ni por qué, empezamos a escuchar, a pinchar, a bailar y a disfrutar con la música electrónica. Y oiga, que los mismos que no habíamos pisado un discoteca ni por error, empezamos a ir a “clubs”, porque los modernos íbamos a clubs. Lo de las discotecas era para los mascachapas bacalaeros garrulillos.
Nos devoró la década, la que para muchos es la década feliz de los 90. Nos cubrió como una ola y nos cambió para siempre en lo musical, pero también en lo personal. Aprendimos muchas cosas, vimos muchísimas otras. El cine, el arte, la literatura, la música, la moda… Absolutamente todo era un jardín frondoso, fértil. Ese espíritu que nació a principios de la década, esa intencionalidad de hacer discurrir las propuestas por canales poco habituales, ese espíritu de protesta, contradictorio sin duda nos convirtió en lo que ahora somos. Una generación abierta de mente, cosmopolita, que nada en muchos sentidos a contracorriente. Una generación de personas inteligentes, capaces, bien preparadas, con nivel cultural alto y expectativas vitales también altas. Pero también una generación capada, una generación a la que han encerrado en una maceta, como si fuese un bonsái, y que ve que ese espíritu de cambio se ha visto amordazado por un nuevo terror, mucho más conservador, mucho más codicioso, mucho menos humano…..
Somos los niños de los 90, como nos bautizó Eddie Vedder en aquel memorable primer concierto del 96 en el Palau d’ Esports de Barcelona. Y en muchas cosas, seguimos siendo los niños de los 90. Con o sin trabajo. Con mejores o peores perspectivas. Con más o menos camino recorrido. Con muchas experiencias o con un bagaje vital escaso. Pero con la misma capacidad de soñar, de querer mejorar, de aprender e imbuirnos de cosas nuevas o viejas o diferentes o iguales cada día. Somos la última generación cuerda que queda. Eso, si no consiguen volvernos locos o terminar con todos nosotros antes.
Son casi las seis de la mañana de un martes de Junio del 2012, la semana de San Juan, las puertas del verano abiertas de par en par,  a pesar de la lluvia que cae fuera, suave, inesperada. Estamos gobernados por inútiles, por ladrones, por tipos codiciosos capaces de cualquier cosa con tal de seguir mamando de su teta. Los mineros se dejan la piel en las calles, en las carreteras, haciendo lo imposible porque las venas de las cuencas mineras no se desangren. Puede que no hayamos cambiado tanto. Puedo que estemos a punto de despertar de nuevo. Puede que sea el momento de que los niños de los 90 reclamemos lo que es nuestro, lo que nos pertenece. Voy a poner a Nirvana, el “Territorial Pissings”. A ver si es verdad aquello de que “cuando era un alien la cultura no se basaba en opiniones”. A por ellos.

Este texto no viaja solo. Tiene un hermano, un evento, una fiesta, un "como queráis llamarlo". Os dejo el link, y os invito a que si estáis por Torredembarra el sábado 30 os acerquéis. 

miércoles, 2 de mayo de 2012

CARTA ABIERTA A ANA MATO ( MINISTRA DE SANIDAD, SERVICIOS SOCIALES E IGUALDAD ).

Apreciada Ministra,

Me vas a permitir que te tutee. Algunos pensarán que es una inconveniencia, pero seguro que a ti no te molesta. Eres la ministra de asuntos sociales, de sanidad, de igualdad. Tú ministerio mola, no es una cueva de fascistas retrógrados y machistas como el de Interior o el de Defensa. Tú nos entiendes, estás con nosotros, con el pueblo. Por eso nos podemos dejar de formalismos, ¿verdad? Te preguntarás por qué te escribo. Es que he leído algo que no me cuadra, algo que ha removido los cimientos de mi conciencia. Y he pensado....esto no lo sabrá la ministra, claro. Porque ella no iba a permitir que esto pasase. Verás, te cuento....
Resulta que en la web de la cadena ser hablan de Lucía, una niña con una enfermedad de esas llamadas raras, cuyo nombre, Piel de Mariposa, oculta un infierno de llagas y heridas, tanto cutáneas como de los órganos interiores. Y resulta también que el tratamiento de esta enfermedad, o mejor dicho, de sus efectos, porque la enfermedad no tiene cura, es carísimo. Tanto como casi 2500€ al mes. Que no son moco de pavo, que ya sabes tú que el que más y el que menos paga las consecuencias de esta crisis. Bueno, a lo que voy: que dice la noticia que a partir del 1 de Julio estos padres se quedan desamparados.Sin ayuda. Que con la entrada en vigor del copago sanitario no van a poder hacer frente a los gastos. O sea, que la niña se va a morir, y no sólo eso, se va a morir y a nadie le va a importar un carajo. 
Que digo yo que eso no puede ser, ¿verdad? Que debe ser una exageración, una falacia de esos rojos, que siempre están con sus complicidades. Que el gobierno de España, el decente, el que no se avergüenza de serlo,  no va a dejar morir a ninguno de sus ciudadanos. Que no es lo mismo que a un moro o un negro de esos sin oficio ni beneficio se le aplique la ley y no se le permita acceder al sistema sanitario que pagamos todos los españoles a que dejemos morir a una niña española. 
Porque de ser, así, Ministra, y Dios sabe que no pienso que sea eso, a lo mejor ese rojazo de Gallardón tendría que mover el culo. Porque claro, dejar morir a alguien es como mínimo, homicidio doloso. Y de ahí al asesinato va un paso. Y si es de un niño se llama infanticidio. Y no creo que alguien que forma parte de un partido cuyo amor a la vida ha quedado plenamente demostrado esté muy de acuerdo con que niños españoles se mueran por falta de tratamiento....
En fin, Ministra, que no te robo más tiempo. Que imagino que saldrás diciendo que todo ha sido una broma. y que en nuestra querida España nadie va a morir por no poder pagarse la atención médica. ¿VERDAD?
Cordialmente tuyo:
Jose Azuaga. 

martes, 17 de abril de 2012

MICRORELATO 30: CUENTO PARA QUE NO TE ENAMORES DE MI ( KANTAURI ITSASOA )


Nos separa un mar. Un mar de sentimientos. Un océano de sinrazones, de argumentos inválidos, que cojean . Una vasta superficie líquida de orgullos, de autocomplacencias, de fabulosos animales marinos que insisten en hundir todos los barcos que fletamos, y arrastrarlos tras ellos a su negro fondo. Nos separa un mar agitado, con olas de crestas blancas, un mar de espuma gris, sin separación entre el cielo plomizo que parece llorarnos y una superficie deforme como un papel arrugado. Nos separa un mar que un día fue azul, plácido, y que ahora empuja con fuerza el único puente que nos une, con afán de destruirlo, y dejar que nos perdamos de vista, y que las corrientes nos arrastren a la deriva, lejos, aumentando exponencialmente la imposibilidad matemática de volver a encontrarnos.
“No quiero que te enamores de mi”, me rogabas. Pero lo decías con la boca pequeña, palabras sin consistencia, que reventaban como pompas de jabón al poco de ser pronunciadas. Porque desde el fondo de tu ojo, como una marabunta ruidosa, se anunciaba el amor a borbotones. Y a mi me explotaban cien mil primaveras en el corazón, y una brisa tibia se abría paso entre mis poros, y con la fuerza de un ejército disciplinado y sin miedo a morir, nos empujaba a querernos, a devorarnos, a abrasar la carne bajo los dedos. Y nuestra cama era el núcleo de una estrella de neutrones. Zillones de explosiones por segundo, un bucle continuo que retroalimentaba la combustión, y un brillo tan cegador e inmenso que parecía imposible de extinguir.  “No quiero que te enamores de mi”, me repetías. Y acto seguido, nuestras bocas se fundían en un baile, y la química animada en nuestro interior generaba nuevos enlaces, toda una demostración de poder creativo, un exitoso “savoir-faire” capaz de frustrar al más osado de los científicos, incapaz de sintetizar en una fórmula tantos sucesos. “Si te enamoras de mí, me iré”, me decías al oído. Pero el ruido de nuestra piel al abrirse era más fuerte que tu voz, y yo me hacía el sordo y fingía no entender nada.
“Te pedí que no te enamorases de mí y no me hiciste caso. Y el peso de mi conciencia, de mi miedo, hace que me doble como una rama. Por eso me voy, porque no sé equilibrar el baile de fuerzas. Y porque tengo miedo de acabar reventando como si fuese una botella en cuyo interior anida un huracán.” Lo dejaste escrito, y las palabras se agitaron, cogieron fuerza, una bestial demostración de poder. Y me pilló la galerna sin alcanzar puerto, en mitad de aquel mar inmenso que creía conocer.  Subió la marea y se me tragó, y no pude o no quise nadar en mitad de aquel remolino.




Me pediste que no me enamorase de ti y no te hice caso.  Y me convertí en pláncton, en despojo para peces de aguas frías, arrastrado por corrientes hasta vete a saber dónde. Aunque en mi nuevo estado, errante como el holandés loco, duerme la esperanza de que las aguas me acerquen a tu costa de nuevo. Y que ni este ni miles de cuentos metidos en botellas y lanzados al mar, impidan que  te enamores de mi.

jueves, 23 de febrero de 2012

CANCIÓN FALSA DE EXTREMODURO ( O EL BARCO HUNDIDO ).


Dime sol, ¿dónde estás?
¿Has perdido tus rayos que ya no calientas?
Yo no soy, el culpable,
de tu frío, compadre, ¿es que ya no te acuerdas?
Dime Luna, piedra altiva
¿es que ya no te menguas para darme refugio?
Ratoncillo, no me llores,
no era yo la que hacía que soñases colores.
Oye, viento ¿no te cansas, de robarme la ropa y gastarme los huesos?
Escuchadme, elementos, se ha secado mi tierra y ya no me alimento.
……………………………………….
Se terminaron los tiempos de flores,
Todos mis peces, boquean en el suelo,
Se me pudrieron los sueños en los cajones,
y el corazón recubierto de cuero.
………………………………………….
Me regalaste cien mil primaveras,
y cuando te fuiste te llevaste las flores,
¿cómo pretendes que viva sin penas,
si te recuerdo y aún me pongo palote?
………………………………………….
Te devoro, en mis sueños, no te tengo, y reviento,
me alimento, de deseo, si vomito, voy y te pierdo.
Me abro paso, en tus entrañas, no me muevo, por si llamas,
Me despierto entre sudores, estoy hasta los cojones.

martes, 27 de diciembre de 2011

MICRORELATO 27: TODO TIENE SOLUCIÓN.

Hoy he visto a mami llorar. Se le cayó la bandeja con mi cena y se puso a llorar. Y yo salí corriendo, le di un beso y le dije que no llorase, que todo tiene solución. Y ella me miraba y me pedía disculpas. Pero no sé si era por la cena o por llorar. No entiendo muchas de las cosas que me rodean, y no sé por qué los mayores se preocupan tanto por las cosas. Si se cae la bandeja de la cena, se recoge. Y si alguien llora, se le da un abrazo,  que para eso son los abrazos, no? O al menos, eso me dice papi. Que cuando vea a alguien llorar lo abrace muy, muy fuerte. Que así nos metemos un poquito dentro del corazón de la persona. Por lo visto, cuando abrazamos, a través de la piel sacamos algo que se mete dentro de la otra persona y hace que se encuentre menos triste. 
Papi también llora, aunque lo hace de otra forma. Se calla. y es como si llorase hacia dentro. Y lo hace cuando nadie lo mira. Lo sé, porque un día fui a enseñarle un dibujo y lo vi mirando por la ventana, con la cara llena de lágrimas. Fui corriendo y me abracé a él, con mucha fuerza. Y me dijo que no se lo contase a nadie. Y menos a mami. Debe ser porque los papis no lloran. O eso me ha dicho Mar, mi mejor amiga de la escuela. Le pregunté si su papi también lloraba y me dijo que no, que los papis son fuertes, y que por eso no pueden llorar. Aunque yo creo que los papis, por muy fuertes que sean, también pueden llorar. A mi me gusta que el mío lo haga. Porque me gusta poder tocar su corazón cuando lo abrazo. Y porque huele bien. Siempre huele bien.
Ahora papi no trabaja, y viene conmigo al colegio todas las mañanas. Y me prepara el desayuno. Y me canta canciones en el coche, mientras conduce. Y mami se ríe y le dice que está loco, y yo también me río y hago la señal de los cuernos con la mano, y los dos me miran y se ríen mucho. Y es el mejor momento del mundo: los tres, dentro del coche, cantando canciones y riéndonos. Y cuando dejamos de cantar, mami coge a papi de la mano y le dice que es fantástico, que lo quiere mucho. Y se besan y yo aplaudo. Y les digo que se besen más, porque con los besos se hacen hermanitos. O eso dice Pol. Así que como yo quiero un hermanito, me gusta que se besen. 
Esta tarde llamaron a papi por teléfono. Estuvo una hora metido en su cuarto hablando, y cuando salió estaba serio. Y no sé lo que pasaba, pero a mi me llevaron a casa de la yaya Elena, y ellos dos se fueron solos, mucho rato. Me gusta ir a casa de la yaya Elena, porque me deja jugar con su gato, el "Senyor Cordills". Y me da pan con Nocilla y me dice que en cuando sea mayor, me llevará con ella en verano al pueblo, y nos bañaremos en el río en el que ella se bañaba cuando tenía mi edad. Me gusta mi yaya Elena, porque sus besos me quitan el frío y el miedo. Sabe matar monstruos. Es un secreto que tenemos a medias. Aunque sea una yaya normal, tiene un arma mágica, y poderes,  y por las noches sale a matar a los monstruos que asustan a los niños. Por eso no me da miedo dormir sola. Porque sé que mi yaya Elena mata monstruos por mi. 
Porque yo duermo sola ya. Porque ya soy mayor. Aunque mi cuarto está cerca del de papi y mami. Y duermo con la puerta abierta, para poder oírlos mientras me duermo.Ahora los oigo hablar. Y hablan de algo que se llama Sevilla. Y papi dice que será sólo unos meses. Por probar. Y que si va bien, pues ya veremos lo que hacemos. Y yo no sé de qué hablan, pero no deja de repetirle a mami que todo tiene solución. Y si papi lo dice, será por algo. Y si mami ha dejado de llorar, esa cosa que llaman Sevilla no debe ser mala. Aunque mañana, si no me lo cuentan ellos, le preguntaré a mi profe qué es eso de Sevilla. 

viernes, 16 de diciembre de 2011

Önskan.

Trae la tarde oscura
el deseo como un torrente,
 imparable,
 cuando notas que te cubre por completo,
 que hace que tus átomos cobren vida propia,
 y que la piel se abra en miles de pequeñas grietas,
 y asomando por cada rendija, un grito que dice: se mía.
Rompo mis hechuras,
¡que afán de ser río, de habitarte,
nuevamente,!
inundar el mapa de tu orografía,
conquistar tu piel, marcar el camino con mis huellas,
caminar y reventar,poner mi norte en tu sur,
exquisita geografía.
La luna blanca,
en el centro de tu vientre,caliente,
el ojo,
que me mira y me manda mi reflejo y me pervierte,
y atravieso tus barreras, y te torno el color de tus cimas,
de blanco a rojo fuego, soy sol, quemo, provoco incendios,
ardo, vivo, río, muero.
Trae la tarde oscura,
el calor inusitado de Julio en Diciembre,
las sombras,
desfallecen y reculan, heridas de muerte,
abandona el frío su trono azul y se retira,
mundo de fuego, muerto el hielo y la ira del invierno,
en mi lecho, contigo o sin ti, es verano de nuevo.



domingo, 11 de diciembre de 2011

MICRORELATO 26: EROSIÓN


  1. Dados dos puntos, se puede trazar una y sólo una recta que los una.

- “ Me puedo sentar aquí? Prometo no molestarte. “

Ni tan sólo te había visto venir. En realidad, reconozco que me costó reaccionar. Más de lo que yo acostumbro, que es como decir mucho muchísimo. Aunque ese mecanismo que activa las cosas bonitas e importantes sí funcionó, y a pesar de estar azorado, seguí estirando los músculos de mis piernas, mientras la máquina que tenemos dentro y que crea universos nuevos a partir de las sensaciones, se ganaba el sueldo.

- “Voy sudado. Me he pasado más de una hora corriendo. Ahora mismo estaba estirando y me iba a ir a casa. Perdona mi aspecto….”

- “Alba. Me llamo Alba. Tú Nelo, verdad?. Y sé que llevas una hora corriendo. Te vi pasar por delante de mi casa. Y ya te había visto alguna vez estirando en este parque. Vivo por aquí cerca.

Y tu forma de explicarte, tus palabras, tu primera reacción, dibujaron el camino delante de mis ojos, uniéndolos con los tuyos, con tu boca, de la que salían las palabras que se iban enroscando por mi cuerpo, con eso que algunos llaman alma y que yo aún no he conseguido definir con la nomenclatura adecuada. Fue como si entre nosotros hubiese pasado una estrella de fuego, cuyo rastro no se borra, y permanece ahí, noche tras noche, aunque nadie se tome la molestia de mirarla.

-“Qué tienes pensado hacer hoy?” Tengo que ducharme, pero luego podríamos compartir un café. Además de correr, sé hablar…..creo.

- “Claro, te iba a decir lo mismo. Pero con una condición. Que me regales un adjetivo. No uno que te sobre, sino uno que te importe. Que te defina y que nos defina. Por supuesto, te dejo pensarlo mientras tomamos el café. Pero luego, quiero mi adjetivo. Las chicas somos caprichosas a veces, ya sabes…”

Y te fuiste dejándome con la misma sensación de cuando me asomé a Preikestolen, en Noruega. Muerto de miedo, con la curiosidad reventándome las costuras y con una sonrisa tan ancha que mis dientes iluminaban el mundo. Y ese café fue la nota dominante de una melodía que empezamos a componer aquella misma mañana, una melodía única, como el adjetivo que descubrimos nos correspondía. Una melodía que se alargó todo el día y cuyo clímax nos sorprendió entre sábanas, hablando una lengua tan viva como incomprensible para cualquiera que nos hubiese espiado mientras nos derramábamos el uno sobre el otro. Y el resultado fue una ecuación capaz de describir la geometría del amor recién parido con tanta minuciosidad, con unas cifras tan absolutas, que parecía inevitable morir arrollado.

2. Todos los ángulos rectos son congruentes.

- “No soy tan raro como pensaba. O sí, quién sabe “

- “Te preocupa serlo? “ A mi me gusta que seas raro. Las cosas normales son aburridas, previsibles. Sólo tienen dos dimensiones. Les falta esa profundidad que ayuda a tener perspectiva, a comparar. A darnos cuenta de los detalles. “

- “Tú también eres rara. Será por eso que te gusto. Que me gustas. Que en tan poco tiempo hayamos podido construir esta nueva normativa. Has oído hablar de Euclides? “

- “Era un matemático griego, no?”

- “Se le conoce como al padre de la geometría. En realidad, no se sabe mucho de él. Hay quien afirma que no llegó a existir. Que unos cuantos sabios en conjunto publicaron el tratado usando el nombre de un filósofo que había vivido cien años antes. Fuese o no un personaje real, aquel tratado fue importante, porque puso los cimientos a muchas de las cosas que vinieron después.”

- “Y a que me vas a explicar qué decía ese tratado ?”

- “Creó cuatro axiomas. Bueno, fueron 5, pero el último todavía hoy se discute si es o no cierto. Pero los otros cuatro son totalmente demostrables”

- “Con formulaciones de esas que sólo comprendéis tú y tus alumnos? Bueno, tus alumnos lo dudo jajajaja.”

- “Mis alumnos las comprenden. Y sí, se demuestra a través de formulaciones. Y ecuaciones. Pero lo bueno que tiene la geometría de Euclides es que se puede demostrar a través de objetos cotidianos. Por ejemplo, la congruencia. “

- “Sabes que no tengo ni idea de lo que es. Y que me gusta cómo explicas las matemáticas. Y que te sigo atentamente, profe. Dispara, forastero”

- “Por decirlo de forma sencilla. Imagina dos jarrones exactamente iguales. Mismo peso, tamaño, color, forma. Todo idéntico. E imagina que uno lo colocamos de manera horizontal, y el otro de manera vertical. Continúan siendo iguales? “

- “Claro. Su posición en este caso es irrelevante. Siguen siendo lo mismo “.

- “Muy bien. Pues eso mismo sucede con los ángulos. O con los triángulos. O con el resto de objetos geométricos. Se da la congruencia cuando dos ángulos son iguales. O dos triángulos. O los lados en concreto de esos triángulos.”

- “Parece una forma de ahorrar tiempo a la hora de categorizar. Es útil, porque explicadas las características de uno, todos los que sean exactamente iguales, se someterán a las mismas normas, verdad? “

- “Correcto. Te explicas casi mejor que yo. “

- “Sabes? Igual es la congruencia la que hace que tú y yo nos queramos. La que ha ayudado a que todo tenga sentido. La que ha establecido el tipo de relación que debíamos llevar. Puede que nos queramos porque a fin de cuentas somos el mismo objeto, con diferente posición, pero lo mismo. Por eso nos ha costado tan poco describir nuestro espacio.”

- “Quieres que lo formule? Que le de forma matemática? O prefieres que me adhiera aún más a tu piel?”

- “Haz ambas cosas. Y formula un axioma que nos mantenga siempre unidos….”

  1. Se puede trazar una circunferencia con centro en cualquier punto y de cualquier radio.

Fue todo tan fácil, tan natural, que a pesar de haber sido la inductora, la culpable de todo ello, todavía hoy me admira tanta perfección en las formas. Y es que alcanzar ciertos niveles de compenetración debería ser objeto de estudio. Tendría que existir una ciencia que analizase de una forma más o menos rigurosa por qué dos personas alcanzan a comprenderse con tan sólo una mirada. No creo que el amor tenga esa capacidad de reestructuración de los objetos. Tiene que haber algo más. Algo más complejo, un juego de fuerzas, como esas que mantienen el equilibrio, en apariencia caótico, del universo. Porque bailar de la forma que nosotros lo hacíamos por la vida no está al alcance de muchos. Ser capaces de girar en círculos perfectos, rotundos, sin perdernos ni el más pequeño de los pasos del vals que tocó la orquesta el tiempo que permanecimos juntos. Crear un conjunto de elementos propios cerrado, sometido a su propia legislación y jurisprudencia, al margen de miradas, de comentarios. Viajar sin detenernos a velocidad de vértigo siguiendo el mismo sentido, sin que uno adelantase al otro, sin que el otro dejase atrás al uno. Dos paralelas perfectas. La demostración matemática más incontestable de que a veces sí se da eso. Y darme cuenta de que cuanto más quería a Nelo, más me quería a mi misma, como si al darle amor a él, al mismo tiempo, alimentase el mío propio. Fue fácil y bonito despreocuparse, dejarse llevar. Como cuando estás en una carrera y la propia inercia del resto de los corredores te proporciona a ti la energía necesaria para seguir avanzando. Supimos llevar la magia con nosotros, y actuar al margen del resto de agentes externos. Cualquier punto era bueno para trazar nuestro círculo, y proseguir dentro de él con ese espectáculo que de forma sublime habíamos sabido desarrollar.

  1. Cualquier segmento puede prolongarse de manera continua en cualquier sentido.

Un observador externo y avezado en estas lides de la ciencia podría haber previsto el momento exacto en que aquella estrella, aquella masa iridiscente que tanto había crecido se colapsaría, hasta alcanzar el estado de super nova y luego tornar todo aquel calor en el frío absoluto de una enana blanca. También es cierto que si atendemos a lo que decía Einstein, todo es relativo, y todo depende de la capacidad de perspectiva con la que miremos las cosas. Así, ni Alba ni Nelo fueron capaces de ver que tanto consumo de energía no podría conducirles sino a su propio colapso. Porque querer en la mayoría de ocasiones no es suficiente. O hacer depender el amor de toda esa pasión, de esa energía que como un tsunami arrasa con todo lo que se encuentra a su paso. Ya que cuando la energía se consume, el amor se muere irremediablemente de inanición.

Y un buen día, aquel que considerabas tu igual aparece deforme, ajeno. Y ese gigante con piernas de acero empieza a oxidarse, a no ser capaz de moverse. Y el frío entra por las rendijas. Y los cristales que aislaban del exterior se astillan, Y pronto elementos nuevos contaminan aquel ambiente antes aséptico. Despiertos del sueño, sólo queda preguntarse qué más queda por vivir, por decir, qué mas verbos faltan por conjugar. Es el tiempo de las dudas primero, de los reproches, más tarde. El momento en que las acciones cambian el traje del deseo por el de la obligación. Y las miradas no calientan. Y el silencio, ese que antes servía de refugio caliente para los amantes, se torna un lugar oscuro, mohoso y lleno de bichitos. Poco importa si fue Alba quien dijo y Nelo quien accedió o fue al revés. Lo único verdadero y comprensible es que la brecha que se había abierto entre los dos puntos se tornó segmento. Y que los puntos, para prolongarse, decidieron tomar direcciones opuestas. Se escuchó algo parecido a un “no podemos seguir así”, a un “mejor que cada cual tome su camino”. Y cuando se fueron, el único te quiero que permaneció inamovible fue el de una nota olvidada dentro de un libro. Y las líneas se alargaron siguiendo su propia estela, en pos de un infinito desconocido, nuevo. Lo bonito de la historia, es que el punto del que partieron, el preciso instante que marcó su separación, será el punto que siempre, de manera indiscutible e inapelable, los mantenga unidos, Y sobre ese punto, al que llamaremos recuerdos, va toda esta historia.

Gracias a Mer Lamela por la foto y por haber propuesto esta historia.


Quienes somos, de donde venimos, a donde vamos...