jueves, 7 de mayo de 2009

EL HOMBRE TRANQUILO

Se llamaba Luis, a secas, y así se hacía llamar. Sin adornos superfluos: ese Don que en muchos es una paradoja de su escasez de virtudes, o ese Doctor, que tan ampulosamente colocan algunos catedráticos en la puerta de su despacho, como símbolo de su lejanía con el resto de nosotros. Luis no enseñaba, aunque con él era imposible no aprender. Luis compartía su conocimiento, que no era poco, y lo hacía accesible, ameno, cotidiano. Luis nos enseñó a entender a Schiller, a amar a Goethe, a descifrar el lenguaje secreto de las antiguas runas germánicas. Era generoso hasta la extenuación, y nunca parecía agotado de despejar incógnitas, de abrir nuevas puertas, de plantar semillas de curiosidad en los que le escuchábamos.
Luis me dijo que me fuese a Alemania. Fue en primero de carrera. "Vete un semestre, Te gustará, tienes buen nivel de alemán.". También me dijo al cabo de los años, a punto de acabar, que me había equivocado de carrera. "Tenías que haber hecho periodismo. Sabes escribir, te haces las preguntas adecuadas. Aprovéchalo."
Al cabo de los años me lo encontré por casualidad paseando por la playa de la Concha, en Donosti. Nos saludamos efusivamente, recordamos durante unos minutos viejos tiempos, nos reímos. Los dos lejos de nuestra casa, en un paseo repleto de gente, y el destino había querido que pudiesemos estrecharnos la mano.
Esta mañana me he enterado que hace un par de años decidió cambiar su puesto en mi antigua facultad por una plaza fija, infinita. Lo fichó la universidad del Cáncer, esa puta escuela que tiene la manía de llevarse a los mejores. Y aunque no estaba muy convencido, al final ácabó en ese claustro maldito. Lo hizo con elegancia, sin hacer ruido, como el hombre tranquilo que era. Dió sus clases hasta su último aliento, y luego, se fundió.
Espero que estés en el Valhalla, con Odín y los suyos, recitando versos de Brecht, y disfrutando de la vida eterna y placentera, sólo concedida a los mejores. Te respetamos, Luis, y en mi memoria siempre habrá un lugar para el Hombre Tranquilo.

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