sábado, 5 de septiembre de 2009

MICRORELATO 10: LAS 2 VENTANAS (HORROR VACUI)

La ventana de Él: Pudo haber sido y no fue. Ahora que lo leo con más calma, me doy cuenta que no se sostenía, que nunca tuvo razón de ser. O quizá sí? No lo sé. Algunas mañanas, como hoy, despierto con la sensación de haber dinamitado mi último refugio, la última oportunidad de escapar al horror cotidiano. Mejor para ella. Mejor para todos? Los últimos días fueron un intento desesperado por hacer de la fealdad belleza, por intentar tapar las vías de agua que inundaban nuestra realidad. Yo, inmerso en mi propio ostracismo, inventándome finales de película, pero sin mover un solo músculo para sostener los muros que se agitaban. Ella, brillante por fuera, pero muerta ya por dentro, como una estrella gigante,consumiendo sus últimas energías antes de explotar y confundirse en el vacío. El portazo final no fue tan sonoro como podría haber imaginado: todo muy correcto, muy cordial. "Mañana me voy, vale? Creo que necesitamos estar alejados el uno del otro durante unos días". Y al día siguiente se fué, sin hacer ruido, sin notas a pie de página, ni reproches. Y yo no la detuve porque sabía que no iba a volver, que allí ya no pintaba nada. Y yo? Pinto yo algo todavía? Sigo mirando por la ventana, ahora entelada por el frio de fuera (o es aquí dentro donde aún hace frio?); imagino que la veo acercarse sonriente. Fantasmas, fantasías, deseos que se desvanecen confundidos con el humo de los cigarros. Llegará la primavera, volverá a florecer todo, algo brotará de nuevo. Espero, deseo, quiero?

La ventana de Ella
:Estoy enfadada, joder. Claro que estoy enfadada. Enfadada con él, por haberse comportado tal y como lo hizo. Pero sobre todo, enfadada conmigo, por no hacer caso a esa vocecita que me decía "no te conviene, es un niñato inmaduro". Y enfadada porque por mucho que me despelleje los sentimientos, soy incapaz de desincrustarlo de dentro mío por completo. Lo odio casi en la misma medida que lo quiero. Bipolar? No sé ni como llamarlo. Sé que no quiero (no debo) estar con él. Ha quedado empíricamente demostrado que es incapaz de querer, ni de quererse. A mí nunca me ha sobrado el amor, y creo que la reserva que tenía guardada para las situaciones de emergencia hace mucho que se agotó, intentando que aquel motor oxidado arrancase, aunque fuese a trompicones. Necesitaba respirar y ya tengo aire. Cada mañana, como hoy, abro la ventana. Dejo que el sol tibio acaricie mi piel, con sus rayos, que me mime. Sin embargo no entro en calor, no oxigeno lo suficiente como para que mi cerebro, ese del que tan orgullosa me había sentido, racionalice el problema, resuelva la incógnita y, orgullosa de mí misma, pase al siguiente ejercicio. Necesito una primavera, flores, olores a nuevo, vida que crece y culmina en estallidos de belleza. Necesito desprenderme de ese peso que no forma parte de mí misma y flotar liviana sobre un mar tranquilo. Abro la ventana: aire, primavera, calor...

Sirva este minicuento como agradecimiento y humilde muestra de amor a los que llevais cien posts leyéndome: Eva, Juan, Sonia, Raquel, Alde, Marta, Laura, Patri, Mira, Nieves; a todos los que alguna vez habeis comentado algo sin poner el nombre, a los que me leeis y no comentais, a los que me leeis en Facebook y poneis ese "me mola" y a los que me enlazan, con o sin mi conocimiento. Espero poder daros cien murgas más.
J.

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