jueves, 22 de julio de 2010

EL DENTISTA NÚMERO 10

Ninguna prueba, ninguna rectificación ni desmentido puede anular el efecto de una publicidad bien hecha -Hermann Keyserling-
En un pais en el que hasta el más tonto conduce un Audi TT y tiene derecho a cinco minutos de gloria en El Diario de Patricia, vender convierte al publicista de turno en una especie superior, un Demiurgo con capacidad suficiente para convencernos de que no comprar, poseer o compartir la felicidad que da cierto producto nos relevará al mismo nivel que los estudiantes universitarios, esos seres con gafas de pasta, mal vestidos y que follan menos que el gato del vaticano. Es por ello que se crean los archifamosos "estudios independientes", cuyo rigor, al no verse salpicado por ningún interés comercial convierte al objeto del estudio en la nueva panacea.
Sólo así se entiende que más de medio pais ( personajes populares incluidos ) se dejase 30 euros en una pulserita cuyas propiedades magnéticas sobre el cuerpo del poseedor lo convertía en alguien mucho más equilibrado, más guapo, con mayor magnetismo ( valga la redundancia ) y mejor en la cama. Ni la posterior investigación policial, que finalizó con la detención de los creadores de la pulsera, y que puso al descubierto la enorme estafa y las nulas propiedades del amuleto consiguió que sus propietarios se las sacasen de las muñecas: "A mí me funciona", es el argumento que suelen esgrimir cuando les hablas de la estafa, y su cara de circunstancia y esos ojitos que te dicen "déjalo, no lo entenderías" son suficiente como para no seguir hablando del tema.
La OCU anuncia en su página web que las presuntas bondades de las famosas y sobrevaloradas Bayas de Goji no son tales. Ni son tibetanas ni provocan tantos efectos beneficiosos a sus consumidores. Más bien al contrario: son unos frutos chinos ( sin etiqueta de le CE ), bañados de pesticidas y otros elementos, y con las mismas propiedades terapeuticas que la patata común. Otro timo bien vendido bajo el epígrafe de "numerosos estudios independientes demuestran".
Al final resultará que el hijoputa del décimo dentista, ese que NO recomendaba consumir chicles sin azúcar, había estudiado publicidad antes de dedicarse a la ortodoncia.

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