lunes, 6 de octubre de 2008

¿QUIÉN SE HA LLEVADO MI SUEÑO?


Estoy en pleno proceso de relectura (por enésima vez) de El guardián entre el centeno, de Salinger, un clásico de la literatura americana, del cual siempre extraigo conclusiones (y a veces, consuelo), cuando leo que Haruki Murakami, al que en el diario Público definen como "el autor de culto que más libros vende en España", publica hoy "After Dark", su nueva novela. Como siempre, Murakami gira en torno a sus tres obsesiones (el sexo, el amor y la muerte) para plasmar el desencanto de una generación que camina a ciegas sin encontrar su sitio, o que quizá ha sido cegada por las promesas de una felicidad que se basa en la obtención del éxito en lo social, en lo material y en lo sexual.


Nacimos para ser campeones, obligados de manera consciente o inconsciente a triunfar, sin un espejo en el que mirarnos. Somos hijos bastardos de las marcas, devoradores de iconos. Nos dejamos seducir por falsas promesas; nos mostraron lo que podríamos obtener y cuando fuimos a buscarlo, nos lo quitaron de las manos. Se nos ha relegado al limbo de la adolescencia permanente, en eterna espera de ascender, de traspasar la línea y convertirnos en adultos.


Ante esa perspectiva, no es extraño que nos refugiemos en la calidez de la infancia, de aquellos recuerdos que nos proporcionan sonrisas sinceras, que nos conducen a cuando aún teníamos sueños y éramos felices. Un vistazo rápido a la red nos devuelve miles de homenajes a los dibujos de nuestra infancia, a aquellas canciones manchadas de nocilla, a tardes que saben a Barrio Sésamo, a Maria Luisa Seco, a la bruja Avería. Esos tiempos en los que creías con absoluto convencimiento que podrías llegar a ser lo que soñabas.

Resulta curioso que los autores que, a mi parecer, mejor han descrito esa lucha entre la níñez/adolecencia y la etapa adulta (Saint-Exupery en "El principito", Murakami en "Tokyo Blues" y Salinger en "El Guardián entre el centeno"), escribieran sus obras a una edad relativamente avanzada. Quizá, es que para valorar mejor el paso a la edad adulta, sea necesaria una cierta perspectiva temporal. Sea como fuere, yo sigo reclamando mi sueño. Mientras llega.. me anclo a la inocencia todavía no perdida que permite seguir alimentando el niño que llevo dentro.


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