lunes, 20 de julio de 2009

LA LUNA DE VALENCIA

No se si por joder o como homenaje, pero coincidiendo con el 40 aniversario de la llegada del hombre a la Luna por primera vez, ha finalizado un experimento de la ESA (Agencia Espacial Europea) y el IBPM (Instituto Ruso para los Problema Biomédicos) en Moscú. Durante 105 dias, encerraron a seis astronautas en una cápsula que simula a la perfección la que se planea enviar a Marte durante el primer vuelo tripulado a dicho planeta. Durante esta especie de Gran Hermano marciano, se ha estudiado el comportamiento de los cosmonautas: sus reacciones ante los supuestos problemas técnicos y sobre todo como resolvían los problemas de convivencia en un habitáculo de pequeñas dimensiones. El siguiente paso del experimento será mantener a los voluntarios durante 530 dias, la duración estimada del viaje ida y vuelta a Marte más una pequeña estancia allí, para que estiren las piernas, y en este caso, prometen incluir entre los voluntarios a alguna mujer (en este primer experimento todo han sido hombres), suponemos que deseosos de ver si se puede o no hacer "edredoning" a velocidades orbitales elevadas.
Toda esta inversión en la carrera aeroespacial me recuerda a los años de mi infancia, cuándo nos decían que en el año 2000 pasaríamos los fines de semana en nuestro chalet del Mar de la Tranquilidad, con vistas a la tierra, y todo pagado en cómodas mensualidades. De hecho, soy consciente de la gran decepción que muchos nos llevamos al ver que el cambio de milenio no había traído ni coches voladores, ni naves espaciales con motor TDI, y que viajar a la Luna era un lujo al alcance de bien pocos.
La culpa de todo la tienen, como siempre, esos guiris cabezacuadradas, que se obstinan en hacer imperar lo científico sobre lo práctico. Si hubiesen dejado los proyectos de colonización espacial a los concejales de urbanismo de muchos ayuntamientos españoles y a las grandes constructoras, hoy en día miles de jubilados pasarían sus vacaciones en la Marina d´Or lunar, con enormes campos de golf intergalácticos, tranquilos paseos por sus mares, ahora sí, rebosantes de agua -se habría concecido permiso para realizar el trasvase de agua del Ebro desde el delta hasta el satélite de la tierra- y leeríamos en los periódicos cómo "El Bigotes" y Correa serían acusados de regalar trajes de astronauta de diseño a Camps, transmisores lunares de Vuitton a Rita Barberà y el gran premio de F-1 sería más galáctico que nunca.

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