Caceres huele a limpio. Huele a mañana fresca, a piedras antiguas, a hierba, a montañas lejanas que la vigilan. Cáceres es el sonido de piedras antiguas, de choque de espadas, de cánticos entre cigüeñas enamoradas. En Cáceres los muros cuentan en silencio leyendas posibles e historias increibles. Si alzas la vista, te encuentras frente a frente con un mono celoso que emuló a Herodes; y te mira y te avisa: no te vayas sin pasar por el arco de la estrella, sube la cuesta de la Aldana y siéntante a reposar en alguno de los bancos de Santa María. No se te ocurra irte sin subir a la Montaña: mejor a pie, e inmejorable de noche. Cáceres te seduce con sus encantos de bruja, te atrapa entre sus callejuelas, te invita a los baños árabes, te habla al oído. No dejes de caer en la tentación, pruébame, te dice. Y el viajero se enreda entre sus sábanas de hiedra y yace dichoso dispuesto a dejarse llevar, y es entonces cuando su embrujo te atrapa por completo y ya formas, sin darte cuenta, parte del paisaje, de su paisaje. Y nada puede evitar que desees volver, que no quieras irte. Cáceres es una mujer que se deja amar, pero a la que te tienes que ganar con duras pruebas. Alcanzar la dicha no es sencillo, pero nadie dijo que la felicidad fuese gratis.
2 comentarios:
Increíble. Preciosa. Realmente se te nota enamorado de la ciudad n_n
Yo quiero ser Cáceres para que me miren con esos ojos de enamorado....
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