martes, 10 de febrero de 2009

PA CHULO, YO (y 2)

En un país con 44 millones de opinadores (amateurs y profesionales), expertos en debatir sobre cualquier tema sin cortarnos un pelo, no es extraño que el hecho de reflexionar y pensar un poquito lo que vamos a decir antes de soltar la retahila de lugares comunes y consignas preestablecidas sea una "rara avis", por no decir que está mal visto. Eso de ir al fondo de las cosas, de preguntarnos los por qués se nos da muy mal, no sea que la verdad desnuda no nos guste y nos haga pensar (que eso cansa, pardiez).
A los cabrones malintencionados como yo, nos da por pensar. Lo reconozco, es un problema que tengo desde chiquitillo, y ni el sistema educativo ni los psicólogos a los que mis padres me llevaron, consiguieron reeducarme (ésto es, meterme en vereda), para que no cuestione las verdades absolutas, que como cuyo propio nombre indica, son verdaderas y únicas. Así que mientras unos se quedan con la superficie o con lo que les explican, yo lo pongo todo en duda: que tenga o no razón, es algo que podríamos discutir, pero al menos el ejercicio intelectual me mantiene en forma las pocas neuronas que me quedan (después de años de juergas etílicas).
Todo ello viene a colación de mi adhesión a un grupo en facebook donde se discute si las diferencias entre hombres y mujeres son tan reales como para no llegar a entendernos. El sentir mayoritario el grupo es que ya de por sí, por evolución natural, hombres y mujeres somos diferentes. Vamos, que caemos en ese tópico tan gravado a fuego en nuestro adn de que la igualdad real no se puede dar, porque biológicamente somos distintos. Obviamente, discrepo, y lanzo al aire la siguiente pregunta: si criasemos a un niño y a una niña al margen de la sociedad, les diesemos a leer los mismos textos (exentos de cualquier diferencia por causa de género), los educasemos de manera realmente igualitaria, les ofrecesiemos el mismo número de oportunidades y les permitiesemos desarrollar sus mejores cualidades...llegarían a entenderse o discreparian?
La respuesta está en el aire... y no creo que nadie se atreva a realizar el experimento, no sea que miles de años de cómodo patriarcado se fuesen por el agujero del váter.

Dedicado a Raquel, mi "alumna", gracias por la inspiración.

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